A propósito del Tsunami

Han pasado ya tres días de tan lamentable suceso que ha afectado a nuestros hermanos nipones y al mundo en general, y aún en las noticias se sigue hablando de las medidas preventivas que hay que tomar en caso de un desastre natural.

Repasando las medidas preventivas que se tomaron desde México hasta Chile, de acuerdo al diario español El Mundo, tales medidas llegaron hasta a una alerta amarilla y se preparaba a las poblaciones costeras ante una eventual evacuación, la cual afotunadamente no fue necesaria en ningún país (con excepción de las Islas Galápagos).

No obstante lo anterior, en Ecuador se tomaron medidas muy extremas, las cuales han sido muy criticadas por la mayoría. Tales medidas incluyeron 1) la declaratoria de estado de excepción por 60 días; y 2) la evacuación inmediata de toda la población costera. Estas medidas trajeron varias consecuencias, como el hacinamiento en buses y camionetas para querer ‘escapar’ a Guayaquil (la ciudad más cercana lejos de mar), y el abandono de los hogares y bienes, los cuales se estiman que entre un 20% y 30% fueron saqueados por los delincuentes.

Ahora viene la pregunta: ¿era necesario tal medida extrema para un país que está al otro lado del mundo, por así decirlo, mientras que todos los demás países vecinos tomaron medidas mucho más ligeras? Quisiera compartir el razonamiento de mi buen amigo Mario Fernández, experto en estadística y candidato a Ph.D por una reconocida universidad norteamericana. Transcribo textualmente su comentario:

“siendo tecnicos: Perdidas Esperadas = p*(Perdidas si llega tsunami) + (1-p)(Perdidas si no llega tsunami), donde p es la probabilidad que llegue el tsunami. Por tanto, mientras p sea un epsilon mayor a cero y dado que las perdidas, porque llegue el tsunami, incluyen al menos una vida humana lo cual hace que estas tiendan al infinito, entonces, me ratifo en el tema que mejor agradezcamos ke hubo evacuacion y ke no llego el tsunami”.

Mi respuesta a este comentario fue la siguiente: “Yo lo justificaría si, y solo si, P es mayor q Q (así sea solo un epsilon mayor) y lamentablemente esa no es la situación, apreciado Mario. Tal vez incluso, para el caso de Ecuador, se podrían perder más vidas humanas x la evacuación (aunq sea solo 1) y no x el tsunami q nunca llegó”.

Mi idea al transcribir esto no es criticar a mi amigo o demostrar que tengo la razón, sino más bien para que ustedes nos aporten con más razonamientos que nos permitan pulir nuestros conocimientos. Debo destacar ante todo que, lo que para mí es la valoración de empresas, para Mario es la estadística. Son nuestros mundos particulares y nos especializamos en ello. Así que quedo en espera de su sesuda respuesta y aprovecho para desearle lo mejor a Mario en su doctorado.

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El Capital de Riesgo… ¿qué es?

Tal vez al leer el título del post, pensarán que estoy redundando porque todo capital que se invierte, lleva intríseco un riesgo, que se mide a través del costo de capital del dinero. Hasta las inversiones que son supuestamente ‘cero riesgo’ tienen su costo de capital, llamado Tasa Libre de Riesgo (TLR). Entonces, ¿en qué consiste un ‘Capital de Riesgo’?

Básicamente se conoce como ‘Capital de Riesgo’ a toda inversión que se realiza: 1) En forma de capital social, participación, inversión patrimonial o recurso propio; 2) Cuya garantía por los fondos la constituye un título de propiedad sobre una parte de todo el negocio o empresa; y 3) Cuyos beneficios futuros implican la participación en las ganancias y pérdidas de un negocio. Se le llama Capital ‘de Riesgo’ por cuanto se adquiere el mayor riesgo que puede existir en una inversión: el de invertir en una idea representativa de algún sector de la economía, sea que esta idea todavía no esté puesta en marcha, o que la misma esté en un estado de crecimiento o de madurez total.

Normalmente esta idea es el hecho de invertir en una empresa en marcha… o en alguna empresa que aún no existe pero se quiere que llegue a existir. Y que tal empresa pertenezca a algún sector económico con sus propios riesgos inherentes. Dicho todo esto, podemos concluir que el capital de riesgo es una alternativa de financiamiento no tradicional que permite la inversión en empresas o proyectos a cambio de tener una participación dentro del negocio y que tal participación le permite también al inversor, participar tanto de las ganancias como de las pérdidas del negocio o empresa.

Existen diferentes tipos de Capital de Riesgo, dependiendo del estado en que se encuentre la ‘idea’ al momento de realizar la inversión. Es así que en una etapa inicial, el patrimonio colocado por los emprendedores para la constitución de su nueva empresa, constituye en sí mismo un capital de riesgo. En una etapa de completa madurez, la inversión que puedan hacer los actuales o nuevos socios/accionistas de una empresa, es también un capital de riesgo. Esto se puede apreciar en el gráfico adjunto.

La diferencia está en que en la actualidad, existen empresas y/o fondos que se dedican a financiar a otras utilizando el mecanismo de capital de riesgo, es decir convirtiéndose en dueños de la empresa a la cual financian. Actualmente existen fondos de capital de riesgo en todos los países desarrollados y en casi todos los mercados emergentes. En Ecuador, el principal fondo que existe actualmente es el Fideicomiso Desarrollo Empresarial (FDE), ahora llamado Corpei Capital.