De los costos fijos y otros demonios

De los costos fijos y otros demonios

Hace un par de días atrás conversaba con un buen amigo quien es director de uno de los institutos de capacitación profesional más prestigiosos y de mayor antigüedad de la ciudad, y en la conversación me consultaba sobre la estructura de costos ideal y la cobertura de costos y gastos apropiada. En sí, su consulta radicaba principalmente en qué le convendría más en función del tipo de negocio que dirige: o más costos fijos o más costos variables.

Como buen financiero que soy, la mejor respuesta que le pude dar no fue un sí o un no, sino un ‘depende’. Pues sí, depende de qué es lo que el administrador busca con la estructura de costos, por cuanto se puede conseguir dos cosas: o más rentabilidad o menor riesgo. Claro, cualquier gerente diría que desea ambas cosas, pero en esta vida no todo lo que se desea se puede tener. Y en este caso resulta así, por cuanto una de las principales leyes de las finanzas nos dice que “a mayor rentabilidad, mayor es el riesgo asumido”. Así que, con una buena estructura de costos se podría conseguir lo uno o lo otro, pero tal vez no ambas cosas a la vez.

Me explico mejor con un sencillo ejemplo. En teoría, una estructura de costos totalmente fijos promueve una mayor rentabilidad, mientras que una estructura totalmente variable promueve un menor riesgo. Supóngase que usted es el administrador de un pequeño negocio donde su personal consiste en un único vendedor que tiene su remuneración y que además usted (por esas ironías de la vida) no recibe remuneración alguna. Por ende, el único costo que tiene su empresa es la remuneración del vendedor. La pregunta sería entonces cómo establecer la remuneración ideal del vendedor.

Para ello, usted tiene dos opciones: o le paga un sueldo fijo de US$ 500 (costo fijo) o le paga el 20% de los ingresos (costo variable). Un sueldo fijo le dará a su empresa mayor rentabilidad, por cuanto la empresa podría vender cada vez más mientras que el costo seguirá siendo el mismo. PERO, recuerde que ‘a mayor rentabilidad, mayor es el riesgo’. El sistema de costo fijo tiene un gran problema: aumenta la rentabilidad pero también aumenta el riesgo. Entre más venda, mayor será el margen de ganancia por cuanto el costo nunca se incrementa, pero el día que no venda nada, su empresa obtendrá una pérdida de US$ 500 que tendrá que pagar pase lo que pase.

En cambio, si le paga al vendedor el 20% de los ingresos, no tendrá el problema de la pérdida, por cuanto el día que haya cero ingresos habrá cero costos. Por ello el sistema de costos variable reduce el riesgo. PERO, recuerde que ‘a menor riesgo, menor rentabilidad’. Así que, a diferencia de lo que sucede en el sistema de costos fijos, venda lo que venda su empresa, siempre se quedará con el 80% por cuanto el 20% siempre se lo llevará el vendedor. Nunca podrá ganar más del 80%, a menos que se pase al sistema de costo fijo, PERO… ¡Pobre de su empresa el día que no venda nada!

Por ello, la mejor opción para conseguir ambas cosas (una mayor rentabilidad y un menor riesgo) sería un sistema de remuneración combinado, en el cual el vendedor podría tener un sueldo de US$ 250 más una comisión por ventas del 10%. Ahora suponga que usted como administrador sí tiene su sueldo, el cual es una remuneración fija de US$ 1.000 y que además no tiene un vendedor, sino 2 en total y que todos ellos reciben una remuneración variable de 10% del total de ingresos, por lo cual su empresa siempre se quedará con el 80% del total de ingresos.

Algunos administradores (y la mayoría de los antiguos contadores) pensarían que cada vendedor debería alcanzar un punto de equilibrio si a cada uno de ellos se les asigna el sueldo del administrador o gerente en partes iguales, de tal forma que cada uno de ellos se lleva una carga fija de US$ 500. Así que el vendedor que hizo US$ 1.000 en ventas es un gran vendedor por cuanto logra cubrir los $500 del jefe, mientras que el que hizo US$ 250 en ventas está perdido por cuanto no logró cubrir el proporcional asignado. En realidad, entre ambos vendedores se hizo un total de ingresos de US$ 1.250 que si se le resta el 20% que se le paga de comisión a ambos vendedores, es decir US$ 250, quedará un total de US$ 1.000 que servirá para pagar el sueldo del administrador. Si se llega a botar al vendedor que menos hizo, simplemente la empresa sale a pérdida.

Esta situación nos hace replantear ciertas teorías aprendidas en la universidad, como por ejemplo el famoso “prorrateo”. Volvamos al caso del instituto en mención. Si el instituto genera 10 cursos a venderse en un mes, la tendencia sería la de prorratear todos los costos fijos para los 10 cursos en venta, y si alguno de ellos no alcanza el punto de equilibrio que cubre sus costos variables y la asignación de costos fijos correspondiente, lo ‘ideal’ sería cerrar el curso. No obstante, en la práctica ocurre que cada curso a impartirse genera una cierta cuantía de margen de contribución, que al final la suma de todos los márgenes permite cubrir todos los costos fijos y generar, de ser posible, una utilidad del negocio.

Así, siempre es importarte examinar nuestros conocimientos ya adquiridos, tanto provenientes de la teoría como de la práctica, para saber si estamos o no actualizados a las mejores prácticas administrativas que nos permitan, al final del día, obtener una mayor rentabilidad y/o un menor riesgo.

Batman y las Finanzas Internacionales

De todas las versiones de Batman que se han hecho en el cine, creo yo que la trilogía creada por Christopher Nolan es de seguro la más realista de todas. Tan apegada a la realidad es esta trilogía que, en la última entrega de Nolan, “The Dark Night Rises” Bruce Wayne llega a perder su fortuna. De acuerdo a la trama, Selina Kyle roba las huellas digitales de Bruce Wayne y se las entrega a Bane, quien realiza un ataque terrorista a la Bolsa de Valores de Gotham City y, utilizando las huellas digitales de Wayne, compra un gran número de opciones de acciones a largo plazo, cuya oferta expiraba a la media noche del mismo día de la adquisición. Al adquirir tantas Opciones y no ser ejecutadas, las pérdidas fueron tan grandes que Bruce Wayne quedó completamente en la quiebra.

Las opciones que compró Bane son parte de una gran familia de alternativas no tradicionales de inversión utilizados en los principales mercados de valores de alcance mundial, llamados Instrumentos Financieros Derivados (IFD). Tales instrumentos toman su nombre por cuanto su valor depende o deriva del valor que tenga el activo sobre el cual se busca comercializar, asegurar o especular, llamado Activo Subyacente. Existen básicamente tres tipos de IFD: Los Futuros y los Forwards, las Opciones y los Warrants y las Permutas Financieras o Swaps. Los primeros permiten fijar por adelantado el precio a futuro del activo subyacente el día de hoy; los segundos dan al comprador el derecho de comprar o vender el subyacente y, al ejercer su derecho, la contraparte tiene la obligación de vender o comprar el subyacente; y los terceros permiten intercambiar los subyacentes de tal forma que ambas partes obtienen un subyacente que les beneficia más que el que tenían anteriormente.

Los IFD sirven para comercializar, asegurar o especular sobre el activo subyacente, que puede ser tanto materias primas (commodities) como otros instrumentos financieros, tales como acciones, bonos, índices accionarios, tipos de cambio de divisas o tasas de interés. En este sentido, si bien los IFD se han hecho para generar ganancias y reducir pérdidas, la especulación permite tener altísimas ganancias, con la problemática de que así mismo, se pueden obtener altísimas pérdidas. Así que el panorama que pinta Nolan sobre la quiebra de Bruce Wayne no es exageración, es algo que sí es posible y que ya ha sucedido. Tanto personas naturales como jurídicas pueden quedar en la quiebra gracias a la especulación en los IFD.

Mi buen amigo Mario Hansen-Holm me explicaba hace buen tiempo atrás, cuando surgió el boom de las NIIF en Ecuador, que justamente el propósito del IASB al emitir las NIIF o IFRS era, entre otros factores importantes, el de evitar fraudes que lleven a la quiebra de las empresas. Y si bien salía a relucir escándalos famosos como los de Enron, ha habido otros casos de fraudes en el mundo, y uno de ellos se debe a los IFD. Este fraude llevó a la quiebra a un banco inglés de mucha tradición como lo fue el Barings. Este banco estaba pasando por un mal momento. Durante 1992 y 1993, más del 60% de las utilidades totales de Barings eran generadas por una sola persona: Nicholas Leesson, quien en esa época tenía 29 años.

Esta circunstancia llamó la atención de los directivos, quienes felicitaron al talentoso empleado y le propusieron que continuara con sus exitosas negociaciones. Leesson aceptó, pero con una condición: que se le extendieran las líneas, es decir que se le permitiera negociar con otros papeles y en otros mercados, a lo cual la directiva del banco aceptó feliz y Leesson pudo negociar en el mercado de futuros todo lo que quisiera. Leesson invirtió en futuros del Nikkei 225, el índice bursátil más utilizado del mercado japonés. Luego de la inversión, el precio estos papeles comenzó a caer, razón por la cual Leesson, a medida que iba perdiendo, doblaba la posición cada vez más abajo para ir haciendo promedio, lo que se convirtió en una bola de nieve, pues mientras los primeros contratos comenzaban a vencerse, el esquema requería que se colocaran fondos frescos para cubrir las pérdidas. Pero, en vez de eso, Leesson, aprovechando las líneas del Barings, abrió cuentas por pagar, a las cuales cargaba las pérdidas, con la esperanza de poder cubrirlas apenas empezase a recuperarse los futuros en el mercado, algo que nunca sucedió. La bola de nieve creció tanto que las pérdidas excedieron el patrimonio del banco. Fue entonces que hubo que declararlo en quiebra.

Los financieros de carrera anhelamos con ver el día en que el mercado de valores ecuatoriano se desarrolle de tal forma que se negocien más (y más activamente) instrumentos de renta variable (acciones) que instrumentos de renta fija (bonos, obligaciones, etc.). Mientras eso no ocurra, no podemos hablar de que en nuestro país se negocien IFD, sea de forma bursátil o extrabursátil. Sin embargo, los administradores y financieros de las empresas podrían invertir algo de tiempo en estudiar el funcionamiento de los IFD para implementar mecanismos de comercialización con adecuadas coberturas de riesgos, sobre todo en el precio de las materias primas importadas, que son un pilar fundamental de la producción en el Ecuador.

Medición del Riesgo en la Valoración de Activos

Uno de los principales problemas en la aplicación de las NIIF -quizás la parte más crítica de todas- es la asignación del Valor Razonable de las partidas contables. A muchos profesionales les asusta la idea de cambiar el criterio tradicional del costo histórico por el valor que más se ajuste a las condiciones financieras y económicas de un activo o pasivo. No obstante lo anterior, este problema se aligera un poco (o quizás mucho) a la hora de hallar el valor razonable de activos financieros.

De acuerdo a las normas contables vigentes, los activos financieros se clasifican en tres tipos: Activos mantenidos hasta su vencimiento, referentes a aquellos títulos que se adquieren con la finalidad de mantenerlos hasta el final de su plazo de pago; Activos disponibles para la venta, que son aquellos activos financieros que no se planificaron venderse pero que en algún momento del periodo de pago se aprovechó una oportunidad para venderlos; y Activos a valor razonable con cambios en resultados, los cuales son aquellos títulos que se adquirieron con la finalidad de venderlos y obtener un rendimiento en la venta, aparte del propio rendimiento por la tenencia de tal título.

A la hora de registrar un activo financiero, se debe tener presente que hay dos tipos de tasas de interés envueltas en el proceso: 1) la tasa de interés propia del título, que se conoce como Tasa Efectiva Anual (TEA) y es la tasa que marca la pauta en cuanto al pago de intereses o rendimientos que serán reconocidos como ingresos por el dueño del título; y 2) la tasa de rendimiento del título, que representa el rendimiento que el dueño desea ganar por la venta del título antes de su vencimiento. Esta tasa se utiliza para descontar los flujos futuros que generará el título, y el valor presente obtenido servirá para negociar el precio porcentual al que será negociado el título. Tal precio se lo conoce como ‘precio sucio’.

Aunque suena complicado esto de la TEA y el Rendimiento, lo cierto es que el mercado financiero da una pauta muy importante que permite establecer ambas tasas. Tal pauta es la Calificación de Riesgo del título, algo imprescindible para poder negociar el título de forma bursátil en un mercado primario o secundario. La calificación de riesgo evalúa y determina los niveles de riesgo del título (o de la empresa emisora del título) y de acuerdo a esto los emisores pueden establecer una TEA que compense los riesgos que adquirirán los compradores de los títulos.

La calificación de riesgos se hace en función a los tipos de título (sea renta fija o renta variable) y se califica la emisión o a la empresa emisora mediante letras que van desde la A hasta la E. Por ejemplo, una emisión de acciones calificada con triple A (AAA) indica que tal calificación “corresponde a las acciones cuya emisora presenta una excelente situación económica-financiera, difunde amplia información al mercado, tienen la más alta liquidez, ha generado utilidades superiores a lo previsto en los últimos 3 años, y presentan una fuerte tendencia alcista del precio en el mercado, en el último año, sin tomar en cuenta factores especulativos”. En cambio una emisión tipo E indica que la calificación “corresponde a las acciones cuya emisora está en mala situación económica-financiera, no tiene liquidez y se encuentra en estado de cesación en el cumplimiento de sus obligaciones, suspensión de pagos o quiebra y pretende ser rehabilitada”.

Las calificaciones de riesgo inciden mucho en la TEA y en el rendimiento exigido. Así, un título con calificación AA tendrá una TEA más alta que un título con calificación AAA, por cuanto habrá que compensar el mayor riesgo de AA. De igual forma, en función de los riesgos, la TEA de una emisión de obligaciones será mayor que la TEA de una titularización, por cuanto la primera se genera a partir de los flujos de una empresa, mientras que la segunda se genera a partir de los flujos de un patrimonio autónomo (Fideicomiso de Titularización). Tener en cuenta los riesgos adquiridos, nos permitirá realizar una mejor valorización de nuestras inversiones y de esta forma tendremos información financiera razonable.

Perspectivas Económicas 2013

Estimados amigos

Luego de haber pasado la fiesta cívica de las elecciones en Ecuador, es bueno conocer cuáles son las perspectivas económicas para este nuevo periodo gubernamental. La presentación que les dejo a continuación, como ha sido costumbre los dos años anteriores, viene de la mano del reconocido Profesor Francisco Alemán (a quien pueden seguir en Twitter: @panchitoaleman) de ESPAE School of Business, primera Escuela de Negocios del Ecuador.

Evaluación de inversiones a partir de sus riesgos

Uno de los más representativos proyectos de inversión en el país es sin duda el proyecto Coca-Codo-Sinclair, el cual refiere a la creación de una central hidroeléctrica con capacidad para generar 1500 megavatios, la cual hará posible que la generación hidroeléctrica pase del 63% en 2007 al 98% en 2014, y que la interconexión con otros países como Colombia (actual suministradora) y el Perú (en negociación) sea del 0%. El costo de esta importante obra es de US$ 2.600 millones y está financiado en parte por capital ecuatoriano y en parte por capitales extranjeros, siendo inicialmente capitales argentinos pero siendo actualmente capitales chinos.

Pero, ¿cómo decidieron estos inversionistas extranjeros embarcarse en este importante proyecto? Todos sabemos que no lo hacen de forma gratuita, sino de forma onerosa, y no hay nada de malo en eso por cuanto ellos están invirtiendo sus fondos en este proyecto para alcanzar una rentabilidad. Pero, ¿cómo determinan cuánto debería ser esta rentabilidad? Aquí el supuesto más importante es que la rentabilidad esperada debe compensar los riesgos adquiridos. ¿Y cuáles serían tales riesgos? Una buena forma de identificar tales riesgos sería utilizando los criterios cualitativos para la determinación del índice EMBI o Riesgo País.

De acuerdo a Jeff Madura en su libro “Administración Financiera Internacional”, se identifican dos grandes grupos de factores que afectan al riesgo país. En primer lugar, tenemos los factores políticos-sociales, de los cuales Madura identifica siete: 1) la debilidad institucional, es decir la terminación anticipada del mandato de un gobernante por el descontento popular; 2) la burocracia, relacionado al tamaño del Estado; 3) la corrupción, que añade costos imprevistos a los buenos proyectos; 4) el marco regulatorio, cuando se es demasiado complejo y/o deja puertas abiertas y vacíos legales; 5) el ambiente cultural, es decir la actitud de la población que puede aprobar o rechazar un buen proyecto; 6) restricciones a la movilidad de los fondos, poniendo restricciones a la salida de divisas; y 7) restricciones a la convertibilidad de la moneda, algo que ya no se ve en nuestro país.

En el segundo grupo, tenemos los factores económicos, en los cuales Madura identifica cinco factores primordiales: 1) volatilidad de la economía, medida como la variación del Producto Interno Bruto (PIB) la cual puede ser positiva o negativa; 2) la inflación, si ésta está descontrolada y más aún si la moneda es débil; 3) el tipo de cambio, el cual va de la mano con el marco regulatorio, al ser fijado por el Estado de forma fija o flotante, sobre todo cuando se trata de una flotación sucia; 4) las tasas de interés, las cuales también van de la mano con el marco regulatorio si se establecen a través de un banco central, y tienen mucha influencia sobre el factor inflación; y 5) la contaminación regional, es decir la capacidad que tiene una buena economía en contagiarse o contaminarse con una crisis económica regional, haciendo que el riesgo país se dispare en una buena economía solo por estar en una mala región.

El índice de riesgo país es en realidad un índice que es calculado por distintas entidades financieras, generalmente calificadoras internacionales de riesgo, tales como Moody’s, Standad & Poor’s, y J.P. Morgan. También existen empresas que calculan el riesgo país, como Euromoney o Institucional Investor. Cada una de ellas tiene su propio método, pero usualmente llegan a similares resultados, por cuanto se basan en factores muy similares a los expuestos anteriormente. Pero evidentemente, la elección de las variables y la ponderación que se le dé a cada una dentro de la calificación total es una cuestión subjetiva e imperfecta a la vez.

A pesar de todas estas consideraciones, el riesgo país por sí sólo no es capaz de describir la dirección del ciclo económico. La utilización del riesgo país como indicador de la evolución de una economía se basa paradójicamente en los supuestos neoclásicos de información perfecta y perfecta movilidad de capitales. Digo paradójicamente, porque el sólo hecho de la existencia de un indicador de riesgo país es la demostración de que estos supuestos no se verifican en la realidad. Aun así, siempre es importante contar con información apropiada por cuanto, aunque no nos prediga el futuro con exactitud, nos sirve como una herramienta adicional para la acertada toma de decisiones.

Perspectivas Económicas 2012

Estimados amigos lectores: Tal vez un poquito tarde, pero deseo compartir con ustedes la presentación del MBA. Francisco Alemán, profesor de postgrado de Espae Business School, sobre las Perspectivas Económicas para este año 2012. Considero que no necesito escribir más para presentarles esta información, así como tampoco me hace falta presentar al Prof. Alemán.

 

Errores Contables, Desastres Globales (2da parte)

En el posteo anterior, analicé la temática de los errores globales y la forma como éstos, por muy pequeños que pudieran ser -en términos relativos- pueden significar ajustes de miles de millones de dólares (o euros) e incluso pueden modificar estadísticas macroeconómicas internacionales. Se analizó el caso de un banco alemán que cometió un ‘pequeño’ error contable que significaba apenas el 2.6% del PIB alemán, y no obstante en términos monetarios, tal error era casi el doble de todo el PIB ecuatoriano producido en el año 2010.

Pues bien, en esta segunda parte seguimos con los casos de errores. Apenas días después de ser anunciado el mencionado error por parte del gobierno alemán, en Irlanda también se dio a conocer un error contable, igual de ‘pequeño’ que el error alemán, hablando en términos relativos, por cuanto el error era apenas del 2.3% del PIB irlandés. ¿La cifra del error? 3,600 millones de euros. Pero esta vez, el error se dio por la contabilización de una transacción entre dos agencias estatales.

El problema tuvo lugar en 2010, cuando una transacción entre la Agencia Nacional de Gestión del Tesoro y la Agencia de Financiación de la Vivienda se contabilizó doblemente. “Eliminar el impacto de esta doble contabilidad reduce la estimación de la deuda general del Gobierno en torno a 3.600 millones de euros o en un 2,3% del PIB”, dijo el Ministerio de Finanzas en un comunicado. El pasado abril, el Ejecutivo informó de que la deuda pública bruta era del 96% del PIB y estimó que crecería hasta el 111% a finales de este año. Este descubrimiento debería suavizar las medidas de recorte previstas en el rescate financiero que le prestarán la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional a Irlanda, el mismo que está valorado en unos 85.000 millones de euros.

Si bien es cierto que estos ‘pequeños’ errores impresionan, tanto por su cuantía como también por el hecho de las fallas que tales errores revelan en los aspectos de control interno, también es cierto que en Ecuador, ninguna empresa local está expuesta a errores de cientos de miles de millones (o incluso billones) de dólares. No obstante, podríamos estar cometiendo los mismos errores de estos bancos europeos, los cuales nos podrían impactar significativamente en nuestras utilidades.

En mi experiencia, he visto que los errores contables más comunes (los cuales se descubren principalmente al momento de la transición a NIIF) ocurren por errores de aplicación de políticas contables, al adoptar criterios tributarios por encima de los lineamientos financieros. Ejemplos de tales errores son diversos: crear provisiones de cartera incobrable del 1%, realizar depreciaciones de línea recta con porcentajes fijos y sin calcular valores residuales, crear provisiones de jubilación patronal solo para aquellos empleados que tengan más de 10 años en la empresa, son solo algunos ejemplos de los errores contables que se pueden generar al incluir en la contabilidad un criterio meramente tributario. Tengamos presente que, para cumplir con las NIIF y cumplir también con la autoridad fiscal, se ha creado una metodología de cálculo de base imponible llamada “Conciliación Tributaria”.

Las NIIF persiguen un propósito fundamental, el cual es presentar razonablemente la situación financiera de una entidad, mientras que la autoridad tributaria sigue un propósito totalmente distinto, el cual es la maximización de la recaudación fiscal para el financiamiento de las actividades del estado. Por tanto, no se puede usar el criterio fiscal para registrar contablemente partidas financieras, de lo contrario estaríamos cometiendo un error contable y tendríamos que corregir todo hacia atrás (diferente a cuando se cambia una estimación, cuyo efecto es hacia delante, es decir del presente al futuro y no afecta al pasado).

Tener en cuenta estas indicaciones, hará que tengamos estados financieros razonables, opiniones limpias sin salvedades, y nos librará de los errores contables y sobre todo de los desastres globales.

 

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